De ratones y hombres, en voz alta
Lecturas

De ratones y hombres, en voz alta

No he leído De ratones y hombres, la he escuchado. Y creo que es la mejor forma de conocer esta novela.

No he leído De ratones y hombres. La he escuchado, en el audiolibro narrado por Joan Mora, y al terminarla tuve la sensación de haberla conocido como Steinbeck quería que se conociera: en voz alta.

La novela es de 1937 y es casi una obra de teatro disfrazada. Steinbeck la escribió casi como un guion y él mismo la adaptó al teatro: en noviembre de ese mismo año ya se estrenaba en Broadway. Cada capítulo empieza con un paisaje, como una acotación, y luego todo es diálogo en un mismo sitio: la orilla del río, el barracón, el establo. Leída, puede parecer escueta. Escuchada, es otra cosa.

La historia cabe en pocas líneas. George y Lennie son dos jornaleros que van de rancho en rancho por California durante la Gran Depresión. George es pequeño y listo; Lennie es enorme, fuerte como una mula y con la cabeza de un niño. Comparten un sueño: juntar dinero, comprar una granja y vivir de lo que dé la tierra, con conejos que cuidará Lennie.

Casi todo el libro son voces, y en un audiolibro todas salen de la misma persona. Joan Mora tiene que ser George, Lennie, el viejo Candy, Slim, Curley, Crooks y la mujer de Curley, a veces en la misma escena. Lo difícil es Lennie. Repite las mismas preguntas una y otra vez, y con la voz equivocada sería un personaje cómico o insoportable. En la suya no es ninguna de las dos cosas: es alguien que necesita oír lo mismo para estar tranquilo.

Esa repetición es lo que cambia al escuchar. En papel, cuando George vuelve a contar lo de la granja, el ojo salta el párrafo porque ya lo conoce. En audio no puedes saltarlo. Lo oyes entero, cada vez, con las mismas palabras, hasta que entiendes que no es información sino un ritual, lo que se dicen dos personas que no tienen nada más. Por eso la última vez que George lo cuenta pesa tanto.

Hay otra escena que en voz alta se hace casi insoportable: la del perro de Candy. Un perro viejo, ciego, que huele mal, y un compañero que convence a Candy de que lo mejor es pegarle un tiro. Se lo llevan fuera y los demás esperan en el barracón, en silencio, a que suene el disparo. Steinbeck alarga ese silencio y el narrador también. Es la escena más importante del libro, aunque al oírla todavía no lo sabes.

Me quedo también con un detalle: la única mujer del rancho no tiene nombre. En todo el libro es «la mujer de Curley». Ella también tenía un sueño, y nadie se molesta en escucharlo.

El título sale de un poema de Robert Burns, To a Mouse, de 1785, sobre un ratón al que un arado le destroza la madriguera:

“The best-laid schemes o’ mice an’ men / Gang aft agley.”

Los mejores planes de ratones y hombres a menudo se tuercen. La granja de George y Lennie no llega a existir, pero mientras George la cuenta, existe. Creo que eso es lo que se me ha quedado de este libro: que a veces lo único que tenemos es una historia que alguien nos cuenta en voz alta, y que basta con eso para seguir adelante.

Nota sobre el uso de IA: Este artículo ha sido desarrollado principalmente por el autor, utilizando herramientas de inteligencia artificial de manera limitada para la estructuración del contenido. Todas las opiniones, análisis y reflexiones son del autor.

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