Todos para uno, pero ¿justicia para quién?

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Todos para uno, pero ¿justicia para quién?

A estas alturas de la vida, retomar Los tres mosqueteros ha sido una de esas lecturas que te reconcilian con los clásicos. Pese a haber visto adaptaciones en cine y televisión durante décadas, nunca me había detenido en la novela original de Dumas. Y me ha sorprendido comprobar cuánto se pierde en esas versiones: la estructura narrativa es mucho más rica, y ciertos personajes y acontecimientos cobran un peso que las películas apenas insinúan.

Dumas sitúa su historia en la Francia del siglo XVII, bajo el reinado de Luis XIII, donde el cardenal Richelieu ejerce el verdadero poder político. En este contexto de intrigas cortesanas y conflictos religiosos, la novela se divide en dos bloques bien diferenciados. La primera parte gira en torno a los herretes de diamantes (los adornos que la reina Ana de Austria regala al duque de Buckingham), un episodio que pone en marcha el conflicto político y sentimental que recorre toda la obra. Aquí el foco está en D’Artagnan y su ascenso entre los mosqueteros. La segunda parte, en cambio, se centra en Milady de Winter, cuya figura adquiere un protagonismo oscuro y magnético.

“Todos para uno y uno para todos.”

Lo más interesante del personaje de Milady es que Dumas no la construye como una villana plana. Es un personaje complejo, capaz de engañar, seducir y traicionar, sí, pero también de despertar cierta compasión cuando se revela su pasado. El juicio al que la someten al final —donde salen a la luz sus crímenes y su relación con Athos— deja una pregunta incómoda: ¿es justicia o es venganza? La forma en que los mosqueteros actúan como jueces y verdugos genera una tensión moral que no esperaba en una novela de aventuras.

“Es una mujer sin honor, sin piedad, sin fe, y sin Dios.”

El arco de D’Artagnan es igualmente notable. Empieza siendo un joven impulsivo, algo torpe y desbordante de ambición. Pero a medida que avanza la historia madura, gana el respeto de Athos, Porthos y Aramis, y se convierte en alguien más mesurado. Su nombramiento como mosquetero (cubriendo la vacante de un compañero caído) y luego como teniente de la compañía no son golpes de suerte: son el reconocimiento a su valentía, lealtad y astucia. Pero ese ascenso también lo coloca en una posición donde debe asumir responsabilidades incómodas, como su papel en el juicio de Milady.

“La valentía es una cualidad necesaria para conquistar el mundo, pero la prudencia es necesaria para conservarlo.”

El final de la novela resuelve los conflictos principales, pero deja un sabor agridulce. D’Artagnan obtiene su recompensa, los mosqueteros siguen adelante con sus vidas, pero hay un peso en todo ello. La ejecución de Milady se presenta como una justicia necesaria, pero al ejecutarse al margen de cualquier proceso legal oficial, obliga a reflexionar sobre los límites del honor y la lealtad.

Los tres mosqueteros es bastante más que una novela de aventuras. Es una obra sobre amistad, ambición, poder y las consecuencias de nuestras decisiones. Me ha dejado con ganas de seguir con las secuelas (Veinte años después y El vizconde de Bragelonne) para ver cómo envejecen estos personajes y qué hacen con las lecciones de su juventud.

Nota sobre el uso de IA: Este artículo ha sido desarrollado principalmente por el autor, utilizando herramientas de inteligencia artificial de manera limitada para la estructuración del contenido. Todas las opiniones, análisis y reflexiones son del autor.